
Traducción publicada en Reflexiones, año 2000
Cuando el año toca a su fin el hombre se hace más amable;
en las Navidades se muestra siempre más afable.
Se acuerda más del prójimo que en meses anteriores;
la risa de sus hijos compensa sus fatigas y sinsabores.
Es menos egoísta que en cualquier otra fecha;
el espíritu navideño lo embarga y renueva.
En Navidad el hombre es más generoso y tierno;
es más servicial, pues lo impulsa el amor fraterno.
Por un tiempo se olvida de intereses mezquinos
y no busca otro pago que la sonrisa de un niño.
Se esfuerza por el prójimo, y a mí me parece
que en Navidad es más como Dios quiere.
Si tuviese que pintar el retrato de un hombre, yo esperaría
a que venciera egoísmos y odios con los que nada ganaría.
No quiero pintarlo mientras trabaja y sólo piensa en el dinero,
en largos y pesados días en que se pone a sí mismo primero.
No cuando hace muecas de disgusto o desprecio o dolor.
Lo pintaría en Navidad, cuando está en todo su esplendor.
Los hombres están en lucha consigo mismos y son incomprendidos,
y hay días en que su lado malo al bueno deja chico.
Mas en Navidad la bondad los rige y de sí mismos se olvidan,
abren el corazón de par en par y se dejan de insidias.
Yo diría que en Navidad el ser humano se acerca
a lo que el Supremo Creador ha dispuesto que sea.

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